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29 ene 2016

El Asado

CAPITULO I


¿Quien en su sano juicio puede argumentar que la realización de un asado es divertido, entretenido, reconfortante?

Ni ebrio, ni dormido, ni (en)drogado.

Se malogran holgadas horas de vida bajo el sol hiperiónida, quemándose las manos, pisando brasas, asfixiándose con combustiones dudosas y negligentes.

Siempre existe la amenaza de la chispa sobre nuestros ojos, o ropas, o cabello.

Los chorizos, para entrar de lleno a un problema puntual, son la manifestación argentina de la existencia divina, que nos pone a prueba en la paciencia y otras virtudes.

Mas allá de ser una verdadera timba en cuanto a su calidad -por caros que se los abone, son siempre una timba-, están diseñados por el crónida, con el solo propósito de dar por terminada la vida útil de la indumentaria del parrilleril obrero por pinchazo erróneo y fuente de grasa líquida consiguiente.

La estadística en estos doscientos años de historia argentina, no da cuenta de nadie que alguna vez esquivara dicho erupción incontrolada de lípidos.

Y eso sin entrar de lleno a la pregunta que nadie quiere hacer “cual es el verdadero contenido del chorizo”. La pizarra con letas de tiza nos dice: “mezcla” pero no aclara de que.

Ya en el asado, después de largas horas de sol y calor, transpiración, humo e ingesta alcohólica solitaria -sin mediar lluvia o nocturnidad, lo cual triplica las penalidades-; concluye el ritual cuando este sacrificado e involuntario obrero gastronómico acerca a la mesa el fruto de la labor.

Al llegar, este observa ante si el fruncimiento de ceño de la comensalía, dado que nunca, repito NUNCA, el asado es correcto.

Como una sentencia aristotélica, varios tomos ocuparía explayarnos en este punto, la crítica del asado contiene todo un idioma en si.

Hasta los mas pequeños lo adoptan instantáneamente, como si viniera pre aprendido genéticamente y sueltan alegremente un:

- Esto es una suela-

o...

- ¿No hay algo mas jugoso? -

O…

- Tio Sisoco, esto está vivo-

Mientras un chistosísimo cuñado arriesga:

- Quemason los que vienen, ja ja-

Chiste que deberemos festejar, salvo por el hecho -tal vez menor- de habérselo contado nosotros preteritamente.

Jacinto Ruiz suelta -haciendo alarde de lecturas bíblicas y magro buen gusto-

- Esto está mas salado que el culo de la mujer de Lot -

Chiste que esta bien encarado pero, tiene un final de teatro de revistas en Carlos Paz.

Saben que abusan de la cobardía y hacen un cálculo bastante optimista del alcohol ingerido.

El cuchillo que descansa en nuestra diestra fue afilado para otro menester, tal que cortar la carne en la parrilla, pero bien podría hacerlo ahora con un par de cuellos, ahí verían de verdad lo que significan conceptos como “crudo” o “sangre”.

Nos retiramos vencidos, dudando de nuestras aptitudes, en primer lugar asador, luego amigo, padre, hijo, médico, asesino serial, etc.

Sin embargo, no todo está perdido, alguien realmente nos ama. Un nutrido grupo de moscas de tornasolada mirada nos observa -y huele- sobrevolándonos con enfermizo amor.



CAPITULO II


"Mirá lo que hay para asar" dijo cierta vez la cuñada de Sisoco García, Argentino, hombre sin mácula, abriendo sonriente el freezer y mostrando un extraño animal debajo de toneladas de hielo plehistocénico.

-Hagamos el análisis de la situación- Dijo el invitado -Yo soy el que vengo de viaje de tres horas, luego, el único que tiene derecho a hacerse el pelotudo con el asado, sabes que odio hacer el asado-

La cuñada sonríe y tira de las extremidades superiores del mamífero, mientras le hace señas con los ojos para que tire de las inferiores. La sonrisa pretende ser de bienvenida pero ambos saben que es premonitoria de otra cosa, rayando la perversión.

-¿O alguna vez se me escapó ME ENCANTA HACER ASADOS? -ya levantando demasiado la voz, para alguien que recién llega y ve gente que supuestamente extrañaba.

-Tranquilo, tomate algo, vos sabés como se hace- arriesga ella, errando el diagnóstico, porque hay hombres que asocian hombría con capacidad de asar animales, luego, cuanto mas grande animal asado, mayor es el hombre.

Sisoco, el divinal, prefiere el tilde de afeminado a la culinaria tarea.

-¿Son las 1900 hs. del treinta y uno de diciembre, se supone que a las 2300 tiene que estar eso asado en la mesa?

- Vamos Sisoco, si siempre lo haces asi -Ella modifica la sonrisa hacia una propia de cura en confesión-

- Acá ya hay problemas relacionados con la fìsica y la termodinámica -Sisoco aun cree que zafa de hacer el asado-

Pero lo posible en tanto que posible. La política es el arte de lo posible.

Ella da inicio a la larga tela con la que siempre las mujeres envuelven a los hombres. Nbo el lienzo de Penélope, algo mas sutil, las palabras.

- Las cloacas del pueblo el ingeniero fulano -viste que ganaron los peronchos- pero era para el alumbrado o al revés no me acuerdo un quilombo bárbaro si porque matemáticas siempre le costó a la mas chica y vamos a ir a Cordoba porque con un buzo mas estaríamos aunque yo le decía que con tres pollos mas vamos a estar aunque hay que asegurarse le digo cuatro y listo porque siempre se hace la pelotuda ¿Si? Si vos sos el que dice “le sale re bien hacerse la pelotuda”

Llegó el discurso -o monocurso- al asado "per via del levare" porque si ¿vos tomas gancia o cinzano bianco? Porque viste como es, ella nunca trae ni el pan, él es un pelotudo a cuerda, si, los tengo desnudos a los chicos para el invierno, hablando de invierno no te traje hielo para el cinzano bianco.

Sisico no supo, nunca se enteró cuando, ni porque, ni como, ni con que argumentos terminó sucio hasta la cabeza, quemado y fuera de quicio, maldiciendo la ausencia de elementos mínimos para asar como por ejemplo parrilla o carbón, apenas detalles menores, o un cuchillo que tenga intenciones de cortar algo.

¿En que momento aceptó estoicamente? ¿Nunca recordará el monosílabo SI escapando del cerco de los dientes?

Cuando todo parece encaminado, el fuego encendido, la parrilla dispuesta, los comensales exactamente contabilizados, algunos niños contados como media persona1. Justo ahí, aparecen consanguíneos y colaterales en grado lejanísimo, esgrimiendo trozos congeladísimos de cosas que simulan tejidos musculares animales, en bolsas de supermercado, a las que hay que “fabricarles” lugar en el asador, al momento de dar/recibir dos besos en el aire, acercamiento de mejillas y notar que huyen del molesto olor y aspecto estético.

El cálculo de los comensales adultos se lleva con auxilio digital: con los dedos de ambas manos, el problema se presenta con los decimales, los niños, lo cual genera esmerados procesos aritméticos, al auxilio del cual no hay diseñada aún hoja de cálculo alguna.

Llegaron las 2300 y el asado esta a punto, se brindó en familia, y se lloraron los ausentes.

Hay un dios de los asados, que es argentino, que vela por estas simples almas.

Creen que pagan el esfuerzo espetando:

- Un aplauso para el asador-, Sonriéndole, algunos sinceramente. Pocos.

No es el fin, ni mucho menos, de tan triste historia.

Ya partieron raudamente todos, solo preocupa a Sisoco, su higiene ya que alguien sugiere

- Vamos a tomar algo por ahí, y apurate loco, no te vamos a esperar hasta el año que viene- Ja, ja, ja. Todos festejan el chiste y la ausencia de risas en Sisoco.

Liberadas las cañitas voladoras, saludados los lejanos con nuevos besos al aire, entregado dinero a los niños para la salida y observado rostro desaprobatorio de cónyuge ante observación “correcta” y “verdadera” para con un tercero, corroborables, verificables empíricamente, pero que en las fiestas -parece- no se pueden hacer.

Algo sugirieron de la salud de un ausente y Sisoco consultó:

-¿Hay peligro de que se salve?

Entra Sisoco por fin al baño de casa de parientes políticos, uno tiene un puesto en la municipalidad.

Busca infructuosamente al tacto, luz en ese baño, mano izquierda practicando braile en la pared, hasta dar con la caja abierta de la luz, quitarla con un golpe seco, intuyendo que eso alcanzado por el meñique es un cable. Y pies desnudos y miedo.

Iluso de él -piensa- nunca hubo luz, pero ahora se agrava ya que la puerta carece completamente de un vidrio, lo que incrementa la vergüenza potencial aunque genera algo de resplandor en beneficio del reconocimiento visual corporal.

Decide por fin, bañarse por instrumentos o IFR (o instrument fllight reference), cosa no muy difícil, ya que quien mas, quien menos, todos conocemos donde está cada cosa de su cuerpo.

Al primer chorro frío, no se enteró de la Gran verdad que vendría, porque nunca es caliente el primer minuto, chorro inaugural de la ducha.

Fue a los veinte segundos, ayudado por la voz de la segunda cuñada, que lo anotició de algo que ya sabía (o debería saber).

- En el baño de adelante, no hay agua caliente.

- ¿No te querrás bañar ... NO?

Napoleón supo decir "orden, contraorden, desorden", no importaría tanto el cruce de órdenes "bañate", "no te bañes", "salí así como estas, quien te va a ver", "son las 1230" si ellas se refirieran a otra persona, duele a Sisoco porque el mugriento en cuestión era él.

Si fuera perro experimentaría esa extraña felicidad de ver bosta de caballo recién caída para revolcarse, y terminar de perfumarse, pero desafortunadamente no era su caso.

Solo después nota que todos se bañaron allí, pero a una hora en que es posible y lícito bañarse con agua fría, no a la madrugada.

Desistió por fin de solicitar una pistola para suicidarse, porque de seguro no tendría balas.

Son malas las cauciones que sobre malos se prestan -dice Homero, pero no Simpsons.

La escasez de masa corporal del héroe haría el consumo hídrico una mera formalidad, pero al tacto recorrió el entorno en busca del jabón, ya mojado y tiritando, con magros resultados. Encuentra un frasco de shampoo o crema de enjuague o aceite Cocinero.

Una "mano amiga" extiende a través del vidrio virtual de la puerta una toalla, la misma con la que los niños van al río serrano y tiene arena de dos temporadas.

El baño termina siendo un agregado de nuevas mugres, y mufa.

Pero afortunadamente es un relato ficticio.
1¿A que edad el niño deja de ser media persona y pasa a ser persona completa? A los fines de contabilizar asadoasistentes.


CAPITULO III


La Rioja, enero 2003 AD. (a y por M.A.C.)
Miguel, personaje que merece sobradamente un rescate escrito, si los hay, deja a Aníbal -consanguineo descendente segundo grado, o sea: sobrino- a cargo de la parrilla, con instrucciones precisas acerca del asado, ingesta programada a su laboral retorno.

Hora estimada de arribo (ETA) 13:00
Asador improvisado a nivel del suelo argentino, riojano para mayor presición -a la usanza de la construcción- en casa de plan de vivienda social, Miguel argumenta hacer uno mejor en breve, ya que poco tiempo ha que vive ahí, solo apenas diez añitos.

De ninguna manera imposibilita este inmueble por anexión, de factura presurosa y precaria, la consecución del fin, a saber, la realización de un asado, ya que lleva mas de dos mil en su haber.

Bien es sabido que sabor del asado y belleza del asador (su precariez estética), son inversamente proporcionales. Casi un universal antropológico.

En medio del patio de tierra irredenta, del polvo de ausencia de lluvia por 3 años, la improvisada parrilla acusa con puntuales sonidos y olores, la prontitud de su contenido o sostenido, ya que las vísceras animales descansan sobre ella y no dentro de ella.

Dejemos contenido, el segundo se presta a errores de interpretación musical. Los músicos son dados a entender los sostenidos en otros bemoles.

Enero riojano, la radio machaca la hora pero omite la temperatura, adivinamos que se trata por piedad hacia el público. Miguel arriba tras fatigosa marcha de dos cuadras en tamaña desventaja climática.

- Imposible.

- TeJuroPorDió.

Caviló en solicitar el auxilio de un coche de alquiler, que en honor a la brevedad llamamos Taxi, indagó ocularmente su billetera y desistió estoicamente en ese preciso y no otro orden cronológico-

Dos cuadras en enero riojano, representan el equivalente a cincuenta kilómetros de cualquier geografía mundial.

Agrávase porque ningún árbol de vereda supera el metro de altura.

Ir o volver de trabajar aquí, es una proeza homérica que a la saga de Illión empequeñece, al tamaño de "marcha de Boy Scouts"

"No hay cosa tan inoportuna como el vientre, que nos obliga a pensar en el, aun hallándonos muy afligidos" dice Ulyses en la Odisea.

Los treinta años de diferencia con el tío hacen que el de cartaginés nombre dude de su capacidad gastronómica.

Además, sabemos que, algo hay parecido al afecto que los jóvenes entregan junto con el cuchillo y el tenedor para que el mayor apruebe la obra.

Los límites de lo patológico indican la prohibición de otras demostraciones del mencionado afecto, entre hombres.

Parte del mito continúa con elección de vinos, por baratos que sean, ingesta parcial IN SITU, de ciertas vísceras diseñadas para no llegar NUNCA a la mesa (E.G. riñones de chivitos), chistes repetidos hasta el hartazgo, sopado de sangre con pan calentado AD HOC, etc.

Chistes estos solo comprensible a argentinos, nativos o por opción, entre dieciocho y mil años. Difícilmente traducible y explicable a un danés -por citar un ejemplo-

Miguel observa, huele, cata por fin la zoología colección a degustar en breve y sentencia sabiamente:

-Yo lo daría vuelta, porque del lado de las brasas, falta un poquito, ahora del lado del sol... ¡ya está!.

En otra oportunidad observaba la mencionada pajera consanguínea en segundo grado, festival de Box en Madison Square Garden, argentino Martillo Roldán, la esperanza de Freyre y Tomy Hearns, la cobra de Detoit.

Tubo catódico o cañón de orticón, proyecta imánenes del match entremesclados con sugerencias de compra de desodorantes, autos, quiniela y pomada para las hemorroides.

En el cuadro inferior derecho, 20:04, titila cada vez que un minuto concluye en La Rioja (y presumimos que en el mundo) y cambia por otro.

La ingesta alcohólica, la compañía, y el griterío riojano hacen que ninguno recapacite sobre el continuo, monótono, acompasado cambio del minutero y caiga en estériles soliloquios del tipo:

- ¿Que es el tiempo?

- ¿De donde venimos y a donde vamos? Mota de polvo en el infinito, nuestra condición de nada en la nada misma. Esto pasa en el intelecto humano en un plano oculto del inconciente, a efectos que el individuo continúe focalizando los gluteos de la señorita de la publicidad de shampoo y evite el suicidio.

Afortunadamente, todos esperan un cambio en los otros símbolos matemáticos24, en el margen inferior derecho, que recuerda 42.1 grados celsius en el patio suelo patrio.

Sorpresivamente, se oculta la cifra derecha, se apaga, desaparece, todos saben que la única posibilidad es un descenso a estas horas de la tarde, donde la segunda mitad del día recién comienza en La Rioja.

Por fin aparece 41.6 y Miguel arriesga en tono severo.

-Sobrino, vaya a ponerse un pullover que está refrescando.

Celsius y no Centígrados.

CAPITULO IV

- Degüellan flexípedes Bueyes de retorcidos cuernos


- Ver el humo de su Patria natal.

Dice Homero sobre Ulises, que no consigue volver a Itaca y nos conmueve el alma, refiriéndose a asados, dos mil quinientos años antes de la existencia de un país llamado Argentina.

12 jul 2015

El Fin

Lemiteliusansin - Capítulo 22



-¿Y vos quien sos?- Pregunta la abuela por decimoquinta vez al niño que -supone- esta arreglando la conexión del teléfono, o a eso que parece un niño arreglando una conexión en la boca del teléfono.

Acompaña las palabras con punzado rápido y repetitivo, del hombro derecho del niño, con la inestimable ayuda de un índice muy delgado y afilado-

-El del Toti -Contesta el pequeño ya mecánicamente, sin quitar los ojos del los cables y el soldador- el de Mendoza.

¿Vos abuela, hablas con las manos? -Agrega para hacerla enojar-

Agrega la ayuda topológica a modo de GPS intelectual.  No aclara si es hijo o nieto, sería complicársela mucho a la abuela, que apenas retiene algunos contados nombres propios. La deja rumiar la frase de hablar con las manos, insegura.

-Ah, si, si el Toti. ¡Ni se acuerda que tiene madre ese, hace mucho que no me viene a visitar! -Pareciera ir recordando, mientras con cachetea en la cabeza por la humorada, finge posiblemente recordar, o finge lisa y llanamente, lo que busca es que le den un poquito de afecto, mientras estira el Ah, mucho mas allá de lo convencional-

Abusando del pié otorgado, prosigue como si hubiera sido convidada en la palabra:

-Así que vive en Mendoza. Ah -La abuela abusa del latiguillo AH, que coloca de comodín en las oraciones, lo estira teatralmente, solo para que le lleven el apunte. Exagera, en definitiva, como delantero en área rival.

Las caídas de estos nos dejan un sabor a caricatura, como las de lucha en la TV, donde simulan que pelean. Los delanteros parece que cayeran y la abuela simula estar en el diálogo.

-¡Abuela, recién se va! Estuvo hasta hace cinco minutos, vuelve en un rato. Anoche durmió acá -El chico defiende al abuelo que es de los grosos-

-Ah si, si, tenés razón, tenés razón -Asiente con la cabeza, duplica la frase, como hacen las aeromozas de la aviación comercial con los dos dedos, duplican señalizaciones de las puertas de emergencias, para que quede mas claro-

-¿Está en pareja el Toti no? -Agrega ya sin convencimiento ni necesidad. Solo reclama orejas que la escuchen, pero no sabe como hacerlo, y como su mayor placer es hablar...-

-No abuela, no tiene pareja -Dice el niño en voz bien alta, al tiempo que termina la boca de red para el modem adls a la línea de teléfono de la abuela-

-¿No? Tan joven que es ese muchacho. ¡Tan joven! -Llevándose la mano a la boca y verificando que esas miradas no mientan-

-No tiene pareja... las pata -Parte del chiste es que no coincidan el número entre artículo y sustantivo, lo dice por decimoquinta vez así la abuela ríe de nuevo como si fuera la primera. Uno de los bancos de la RAM de la abuela, sino todos, están tirando muchos errores de código.

La sincera carcajada de la abuela, carcajada de no saber el chiste, a pesar de haberlo escuchado mil veces, la empuja amistosamente a tomar un vaso de agua a la cocina, lo que le otorga al niño un par de minutos libres para trabajar tranquilo.

Extrae el modem de la mochila, como si fuera algo corriente de llevar en mochilas de adolecentes y lo enchufa en la línea de teléfono. Limpia, ordenada, tranquilamente. Solicita al mas pequeño de los hermanitos algo en el idioma de su logia “pasame el RJ11”, el pequeñito estira automaticamente la mano que contiene un cable con conectores en sus puntas.

Abre la sub notebook, configura la conexión, introduce contraseñas y navega por fin. Mecánica y pacientemente. No hay errores, todo sale como si estuviera bien.

Navega.

Navegar en otras épocas, resultaba un tanto mas poético, mas cooperativo aunque mas riesgoso. No se, toda navegación tiene siempre riesgos agazapados a la vuelta de la esquina, sea por monstruos en el agua del anchuroso ponto, como las navegaciones en los rincones del intelecto, o en los intersticios de la internet, debido, tal vez, a virus que hagan peligrar la vida del software. Hasta en el aire, siempre hay riesgo en la navegación.

¿Quien está en condiciones de asegurar que su realidad sea mejor que la de la abuela? ¿No será mejor el mundo químico de la abuela que el de las navegaciones? Mas cómodo, seguro.

En solo una de las variables que forman la realidad. Somos demasiado proclives a creer que los sentidos no nos engañan, que lo escuchado es cierto, que lo masticado es carne, lo fumado es tabaco, lo bebido es wisky. Posiblemente la abuela tenga muchas mas certezas que nosotros, como en las novelas de Dick, a lo mejor está en posición de otro tipo de verdad que por caridad o por amor, nos la oculta.

-¿Que es eso que tenes ahí? ¡No me vas a romper nada, mirá que después no anda el televisor eh! Desde que me arreglaron el Patito, no me puedo bañar-

La abuela bautizó alegre y despreocupadamente "patito" al calefón eléctrico, porque tenía una etiqueta con un pato. Cuenta ella con un natural poder de síntesis, del que carecen los estudiosos de la literatura, que pierden una tarde en la búsqueda de un sustantivo que sintetice un párrafo. El mismo poder, la lleva a aglomerar toda la tecnología, ducha, teléfono y televisor en un mismo sector mágico e inaccesible de la realidad.

-Nada abuela, es un codificador de ectoplasma -El niño divierte a los primos, inventando nuevos nombres para la notebook, sin pretender indagar cuanto hace que la abuela no se baña-

-Ah, mira vos que lindo. ¿No servirá para arreglar el patito eso? -Dice otra vez estirando el "ah" de asombro mas allá de lo permitido por las convenciones-

Luego del Ah, que todos saben que es de mentira, de las risitas contenidas por los mas pequeños y la observación de la abuela, de la mirada asombrada sobre la pantallita de la notebook, un minuto mínimo de silencio, permite al bisnieto que trabaje tranquilo en lo que está haciendo.

-¿Y quien sos vos? -Renueva la artillería de preguntas, como si recién llegara de hacer las compras-

-El del Toti, abuela, recién te dije -Tampoco aclara ahora, menos que antes, la filiación y el grado de parentesco-

-Aaah. -Doble estirado de Ah- El Toti, que está en Mendoza-

-Si abuela, ese, pero no está en Mendoza, recién se va a comprar facturas a lo de la vieja chora-

En la pantalla de la pequeña computadora, aparece el logo de un organismo oficial de otro pais, sucedido de indicaciones para incluir usuario y contraseña. Juanchi agrega ANITA, y una contraseña de varios dígitos, mientras continúa discutiendo sobre la edad de su abuelo con la abuela, que no estima necesario que la gente realice otra actividad que no sea hablar con ella.

-Ah. ¿Porqué va a la vieja esa? -Falsetea casi al borde del escándalo-

-A comprar facturas -Dice uno de los hermanitos de Juanchi, que ya comprendió el método-

-Ah. Ahora si. Asi si. ¡Que vaya y compre, si tiene plata! ¿Fue con la señora el Toty o se quedó aca?

La abuela se saborea las facturas antes que lleguen y deja que los niños nombren a la señora de la panadería con el elegante apodo que ella sugiriera, con su natural sentido del desprecio al género humano, pero exquisito criterio.

También inauguró hace apenas unos días, un apodo interesante para la señora presidente, pero hacerla hablar sobre ese particular, la pone nerviosa, le tiembla el mentón, hay que aguantarse la diatriba de hora y media de "yegua reputísima" y sus argumentos, mostrando su condición agorilada, y lamentablemente siempre algún nieto, o sobrino, o hijo le hace referencia a los pelos que le salen por debajo de la blusa y hay que escucharla.

Los mas chicos, gracias a su condición de malvados como todo niño, le ponen a veces la marcha peronista en la notebook, bajito, casi imperceptible, para la observación de su detenerse en seco, de la pequeña puteada comenzada, tirarle la lengua con comentarios del tipo “seguro son los de al lado” y ver como reanuda los pasitos cortos tratando de no llevar el paso de la marcha.

Después de rezongar un “peronistas” continúa preguntando.

-¿Vino con la señora el Toty? ¡Que linda casa que tiene el Toty! -Esconde nuevamente la pregunta, la otra pregunta implícita en el discurso, eso que quiere saber, porque duda y le niegan, porque es divertido-

-Está separado de la mujer, pero se separaron hace mucho abuela, yo era chico -Anticipa respuestas a preguntas que sabe están ya al salir-

No cuenta el nieto del Toty que el mobiliario de la casa del Toty, la nueva casa, se reduce a la botella de blenders y el celular con el que solicita amor rentado. Casi un escritor el Toty.

-Uh, creo que era medio ligerita la mujer -De nuevo estira el "ah" pero esta vez en con algo mas de malicia-

-No abuela, esa mujer es mi mamá -Miente el niño la filiación que lo relaciona con esa mujer, sabe que debería matarla a la abuela por el comentario, porque no es su madre la mencionada sino su abuela y ella está en una escala mas arriba, en la línea del árbol-

-Ah -Contesta la abuela esta vez un ah, re cortito, ah casi de dedo en el enchufe, sin saber debajo de que piedra esconderse camino a la cocina, en busca de otro vaso de agua, balbuceando al mismo tiempo que trama el prolijo escondite para el dulce casero que le regalaron. Detiene los pasos cortitos, corrigiendo rumbo, vuelve a la marcha, pueden estar espiándola, como los tramposos que cuentan a las escondidas.

En el aparador. Va, viene. Duda, no, mas lejos, en el horno de la cocina. Arriba de la mesada, tapado con un repasador como lo sugería Edgard con la carta robada. Va hacia uno de los cuartos, se pierde. Termina escondiéndolo en el ropero, detrás de la ropa de verano y la pistola del abuelo. Espera acordarse. Ninguno de los hijos conoce de tanta naftalina junto al dulce ni de la existencia de un arma en casa de la madre.

-¿Porqué no me quedaré callada? -Va repitiendo una orden recibida desde hace ochenta y siete años en voz bajita- Mi mamá siempre me decía "quedate callada, quedate callada" y yo nunca le hice caso.

Al chico le molestó la primera vez que escuchó aquel terrible comentario, al sobrepasar las cien veces, es casi un lugar común que hizo cayo, esperable, que no lo distrae de lo que está haciendo, muy interesante, que requiere toda su atención, que no admite errores, pero para nada ilegal. Aun.

Siempre hay un punto por donde poder entrar a la red, al cerebro de la máquina, mientras continúen los burócratas en la seguridad que están seguros. En su realidad, esa que compran a caro precio, esa que creen está bien, esa seguridad que les dicen sus técnicos que es inviolable. Les mienten, todos los especialistas les mienten, los ingenieros sobre los márgenes de seguridad de la pared del dique, la inocuidad de la vacuna que administran a la población, la salud de esa agua que embalsan, el contenido de lo que vierten esas fábricas y pueblos a orillas del río, aguas arriba. Les mienten las consecuencias de ciertas inversiones de riesgo, la seguridad de las encriptaciones corre el mismo albur.

Por contraposición, afortunadamente, todos los cerebros humanos son mágicos, aún aquellos que están destruidos con pastillas como la abuela, por la riqueza de conexiones que produce el consumo de fármacos. Es alegre, busca la felicidad por el solo hecho de ser feliz.

El cerebro de la máquina, aquel monstruoso, por el contrario, es muy frágil, simple, estúpido, de lógicas bastante predecibles. Además de perverso.

Lo malo, repito, lo realmente malo del momento, es el grado alcanzado de disolución de responsabilidades, la burocratización. Muere un niño a causa de la desnutrición generalizada y no es culpa de nadie.

Lo bueno del momento, es la fe de aquellos burócratas en ese otro cerebro, el sintético, que creen invulnerable, omnisapiente, que puede auto regenerarse y miles de beldades mas.