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23 jul 2016

Yo 2.0


Yo 2.0


 Se tu el cambio que quieres del mundo

Mahatma Gandhi




Let’s Change Alliance



Hace días que viene torturándome la idea del cambio, hasta que miré una vidriera y un cartel me advirtió: “Cambios de lunes a miércoles”.



“Lo único inmutable es el cambio” dijo hace casi tres mil años Heráclito de Éfeso, el óscuro. No podemos bañanos dos veces en el mismo río, ni nosotros ni el río son los mismos. Podemos cambiar de río, pero no es muy sano cambiar de lugar donde bañarse. Tengo un amigo que llegó duchado al hogar, dulce hogar y le cambió la vida.



Caminé dos pasos y un quiosquero casi intercambia golpes con un cliente por el cambio, mientras que una mamá le preguntaba a un pequeño que venía corriendo: “¿Lautaro, podés bajar un cambio?”



Empecé a sospechar que el cambio es funcional a nuestra vida.



Nos molesta el trasvestido y su cambio de rol o vestimenta, porque con esto pretenden ocultarnos el ajuste del tipo de cambio, que cambió bastante, como cambió nuestro estilo de vida -por caso- el aceite que consumimos, cambiamos el oliva por el reciclado a granel importado, con un ligero sabor transgénico de liberen a Willy.



Esto es producto de haber empezado el día con el pié cambiado -pensé- debemos estar muy atentos a todos los cambios, imaginate que tu mujer vuelva de la peluquería y pregunte: “¿No notás el cambio?”.



Muchas personas esperan que el otro cambie y basan su estrategia matrimonial en esto. El otro se defiende siempre alegando “yo no cambié en nada.”



Mi abuelo tenía una forma muy elegante de referirse a una vecina, su liviandad y la cornamente de su marido, sintetizaba diciendo que ella era de cambiar seguido de monta.



Nos sorprende la realidad hablando en entornos nuevos sin haber cambiado el chip.



Cuando los marinos estaban en medio de la “calma chicha” esperaban que cambie el viento, los famosos vientos de cambio.



“Que yo cambie no es extraño” sugiere Mercedes Sosa y Zitarroza corregía “El que no cambia todo, no cambia nada”



También está ese que entró a la cancha hace cinco minutos y ya está haciendo señas revolviendo las manos de manera circular arriba de la cabeza, esta pidiendo un cambio, porque no pudo a cambiar el aire.



Cambio no siempre es sinónimo de incertidumbre, muchas veces, este cambio es solo biejouterie, maquillaje y detraś es exactamente lo mismo.



Ella mira el almanaque y nota un cambio, todos los meses tienen un día tachado en rojo y este último no y ve como toda su vida cambia de repente.



Cambia también la de él cuando lo escucha al teléfono, porque el tema no es para inter cambiar unos whatsapp.



Otro u otra, miran sin querer el chat que dejó abierto su pareja, que justo entro a bañarse y aparece una ventanita con la leyenda “lo bien que la pasamos, la otra vez” emulando a Luis Miguel y sabe perfectamente que su vida va a cambiar, porque ya lo/la cambiaron.



El llega y pregunta por la cena, ella responde que hay un ligero cambio de planes, que se va a cenar con su compañero de laburo, que posiblemente no regrese, quedate con los chicos.



- ¿Hasta el fin de semana?



- Hasta el fin de la facu.



Hay que prepararse para el cambio. Vengo de una época en que la entrevista laboral calificaba tu rapidez para escribir a máquina, donde sumaba muchos puntos la corbata y tratar de usted. Afortunadamente eso cambió.



Hemos puesto el cuerpo a todos los cambios, nos adaptamos, nos mejoramos, somos la version reloaded de nosotros mismos.



Somo un Yo 2.0



Quien alguna vez pensó que iba a adaptarse al cambio y evolucionar -con una mano en el corazón-



- Poder usar otro celular que no sea el nokia 1100, que aun añoramos.

- Tirar la colección de VHS’s. Incluso los No Porno.

- ¿Quien pensó que iba a poder dejar de fumar? ¿Hasta los careta?

- Adaptarse a esta nueva ciudad, en este nuevo pais, a “vivir esa cultura diferente”

- Nunca imaginamos adecuarnos a otro trabajo que no fuera ese mal pago de cuarta.

- Abandonar esa relación tóxica incortable.

- Aceptar que vamos a escuchar otras bandas que no sean los redondos.



La mayor virtud de un empleado hasta hace muy poco tiempo era: la lealtad, hoy el mejor recurso humano es aquel que mas rápido va a adecuarse a los cambios.




20 jul 2015

Capitulo XIII


Jacinto, para aquel entonces, había alcanzado ya esa edad en que los hombres se tornan respetables, y bien conocido el terror que produce ese respeto, en el parecer de seres del tamaño del bueno de Jacinto Ruiz, escasamente interesante se torna la vida cuando aparece distancia y los cabeceos y los ademanes en la calle. La bondad como modus vivendi, la opción del “bien sin mirar a quien”, también es una forma de vida, no comprensible a cualquier espíritu.

Difícilmente sea malvado un ser que jura maravillarse por los raros sentimientos que en él despiertan ciertas canciones de Roberto Carlos o Nino Bravo, anudadas a la amalgama de las imágenes que absorbió esa tierna infancia de pueblo, coligiendo luego de allí, que el arte, puntualmente la música -esa magia conmovedora- no necesita forzosamente ser buena per se, solo requiere para ser efectiva, de tocar el lugar correcto dentro del individuo, de ser posible, ligado a ese pueblo, a ese río, a esos árboles que despiden ese áspero aroma en la bajada al río.

Cuando los individuos caminan el orbe con el alma a flor de piel, cualquier elemento de la realidad los convoca a dar una paseo por los recuerdos, el disparador puede ser cualquier elemento de esa mágica realidad, tal vez una canción.

Un consultorio de dentista, como al que ahora volvía en el recuerdo, de la mano de la voz agangosada de “la distancia” de Roberto Carlos, retorna a otros tornos, y otros olores, y figuritas que compraba su madre a modo de soborno por portarse como un buen niño ante la extracción masiva de caninos. Jacinto es proclive a creer que la belleza se manifiesta de caprichosas e ilógicas maneras, hasta en el recuerdo del dolor. Obsérvese sino los ranking de ventas de libros, discos, películas y procédase al asombro.

Si de algo carece el arte es de criterio lógico, solo ocurre. Gracias Borges.

En aquel consultorio de su niñez, el Winco solo tenía un disco de Roberto Carlos que giraba y volvía cíclicamente sobre sus pasos, como la historia de Toynbee.

Entre los achaques concretos de la edad, aparte de la respetabilidad, aparecen, por ejemplo, la obligatoriedad de concurrir periódicamente a la odontóloga, lo que agrega siempre ansiedad y angustia, por las horas perdidas, por la música de esos consultorios, los olores y la aceptación de esa realidad que nos toca transcurrir. Porqué no, también, por el regreso a ese consultorio del a infancia.

Algo por lo que no podemos culpar a la edad, es que de una canción, de un disparador tan simple, pueda alguien escapar de la realidad del bar y las cervezas, por pasillos tan extraños, sino es suficientemente pelotudo.

Hay un dato no menor de jeringas, el futuro inmediato junto a esa mesita a la derecha del sillón subibaja, que parece haber sido adquirida en alguna casa de comercio llamada “El Palacio del Perverso” o “Insumos para el Sádico”. Recuérdenme una novela cuyo protagonista sea una dentista perversa.

Pero por sobre el dolor físico, ese que aceptamos será temporal, hay otro dolor, mas ontológico que odontológico; aquel originado en la pérdida de tiempo de la sala de espera, esa mini muerte que implica de pérdida de horas de vida, careciendo, como carece todo mortal común y corriente, de la certeza de cuantas horas nos restan en adelante, quien cuente con la certeza que le quedan diez mil horas de vida, como el tubo fluorescente, bien puede perder una de ellas en una sala de espera de consultorio dental. Un tubo fluorescente, luego es más feliz que el humano medio.

Y porque es subjetivo, por recurso del contrario, porque tamaño costo tiene una ventaja, los cinco segundos que nos regala la observación de la aurora -aquella de rosáceos dedos- esa mañana, ese color de ese nuevo sol, equivalen a muchas vidas vividas. Muchas almas desconocen que ese color de la aurora, el aroma de árboles del río, esa sonrisa y esa canción de Roberto Carlos, son una y la misma cosa, la máquina les ha segmentado la razón en categorías ontológicas, realzando las diferencias y ocultando las similitudes. De Aristóteles de Estagira para acá, es casi todo lo mismo. Una lástima.

Se sugiere a modo de placebo de esta otra realidad, el paciente recuerdo de aquella aurora, para quienes la tuvieron, para la producción de serotonina durante breves segundos donde la vida se multiplica gracias a Vinicius de Moraes.

Ese respeto del que gozaba Jacinto, se gana a lo largo del tiempo a fuerza de ser buena gente, de puntuales palabras al prójimo, consejos, escuchas, un marcado empeño en cultivar la amistad, cultivar de cultura, de culto, del culto del prójimo, puesto que el otro es dios. Del amor al prójimo. De buenalechez.

De su nutrido grupo de amigos, aquellos en comunidad de ideales, solo él conserva esa especial facultad congénita, carente en el resto, la bondad infantil.

Quien observe a Jacinto leyendo, sabe que ese ogro externo solo es un personaje que adoptó para moverse en la realidad visible, posiblemente un camuflaje que no ha solicitado, que le llegara con el físico.

Ha dejado eternamente sus deseos para el último, primero sus hijos, luego su mujer, luego sus amigos, sus padres, hermanos, al final se guardaba un pequeño hueco de si mismo para él y sus cuitas. Al final del día, apartándose a rincones topológicos como el baño, la cocina o el patio, acompañándose de pares como Tolkien, Lem o Dick.

Observa una malsana costumbre con el objeto de paliar esas mini muertes, que es el tiempo perdido o a perder en actividades como esperar que hiervan los huevos, aguardar que salgan los niños de la escuela, colas en el transporte público o el transporte público en si.

Carga consigo libros de ciencia ficción, en la mano, en bolsillos o maletines, meras evasiones de la realidad, ya que no conoció otras, a las que son proclives sus compañeros iguales a dioses, como amores prohibidos, como tóxicos, como apuestas, como viajes.

Sostiene, Jacinto, producto de su bondad extrema, ser causa suficiente para la visita de otra realidad, una buena lectura. Dar con ella es lo difícil, tanto o mas que encontrar un buen vino, o un buen alucinógeno, o un buen amor o un buen viaje.

Todas nos acercan a la divinidad, sea cual fuera esta.

Esta sana costumbre de acarrear libros, tiene su origen en una arcaica actitud, que es la de ser un optimista crónico, por muy complicada que se encuentre la situación que le presentan los amigos, el siempre tiene un aspecto benévolo para analizarla, utilizando como latiguillo las palabras del poeta "no lamentes que se oculte el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas" y símiles de igual calibre, que lo colocan intelectualmente en otro siglo, bastante anterior.

Las historias de sus libros suelen colocarlo lisa y llanamente en otro planeta. Muy a menudo en siglos posteriores.

Difícilmente esté entre nosotros, mas allá de la porción somática de su persona, para nada pequeña, y que la opinión general da por inseparable de lo otro, móvil en el buen Jacinto Ruiz, ya por anticipación, o por retraso, habitando otro lugar no menos interesante del cosmos.

Siendo tan poco habitables tanto estas latitudes, como estos tiempos, elige otros, existentes, ya existidos o por existir.

Oculta otras magias, como mirar al resto de las madres en esas esperas escolares, por lo que encontró como medio más apto para evitar esas miradas, la útil y entretenida actividad de la lectura.

Oculta su timidez detrás de libros, confía en sus pocos o nulos atractivos físicos, pero elige no correr riesgos innecesarios y se borronea delicadamente detrás de los libros ocasionales, no escasas veces, colocados estos al revés, en virtud de su condición de pelotudo.

Así transcurre sus días, de felicidad alucinada, invisible a los ojos indoctos.

Extrajo del bolsillo del maletín, un ejemplar de cuentos y salva con su auxilio, el tiempo de espera en el consultorio de la dentista.

Uno de los cuentos está señalado con un boleto de colectivo.

La fecha corresponde a un viaje realizado cuatro años atrás y un viento patagónico le recorre la médula ósea, breve, que le corta el aliento, pero que indica algo que es mejor no analizar y decide pasarlo por alto, por el vivo del recuerdo de los personajes y situaciones, como si las hubiera leído la semana anterior. Recuerda perfectamente nombres, situaciones en que parece imposible ese lapso de tiempo.

El tiempo transcurre inexorable, lo notamos en los barrios o los hijos de los amigos cuando no los frecuentamos, aturdiéndonos con construcciones, físicas o intelectuales, con su tamaño o el tamaño sus argumentos.

El pequeño libro de cuentos hizo que su realidad comenzara la tarea de metamorfosis hacia otra, de a poco, como bien sabe su yo hacer para evadir y tranquilizar.

Pronto se vio ganado por cierta magia volitiva, anudada al relato que leía, al paso lento de los renglones, otro aire, de bosque encantando parecía envolverlo y no el sintético del consultorio, la suave y áspera humedad de hojas podridas, el lento y paciente proceso de madre natura descomponiendo la materia lo ganó por sobre el aroma aséptico. Los sonidos ya no eran los mismos y una multitud de aves sonaban a su alrededor poblándolo misteriosamente. El pausado diálogo de las ranas de la laguna, el llamado de los grillos, el desplegarse de las alas de los insectos que puede sean hadas.

La magia ocurre solo aquellos que se predisponen. Lo sabe y se arriesga.

Cierto pasaje lo devolvió a una edad muy temprana, la mención de un duende y la enumeración de sus características físicas, le devolvieron imágenes lejanas, en el tiempo, en la distancia, en la alegría.

A menudo ocurre con solo leer el sustantivo hada, que es menuda; ese solo hecho lo llevó a formársele perfectamente, una imagen puntual, de -en apariencia- un ser humano, del cual abrigaba vagas y fundadas sospechas fuera una pequeña hada.

Sospechas estas que nunca se atrevió a disipar, ya que Jacinto, de mas está aclararlo, desconoce totalmente los procedimientos destinados a descubrir hadas.

Imposible saber si se las reconoce rociándola con agua bendecida, si diciendo algún conjuro en voz alta en su presencia, tal vez dictándole un mandato en alguna lengua muerta, mas duda de sus magros conocimientos de latín. Noli me tan gere, piensa inmediatamente, sonriéndose y devolviéndose la sonrisa. Una pelotudez.

Los senderos del bosque eran oscuros pero no tenebrosos, lo contrario del consultorio que lo es a pesar la claridad excesiva de sus luces.

No imaginaba otros medios de desenmascararla que el enfrentamiento liso y llano, tampoco contaba con lecturas que ayudaran en estos precisos menesteres, a pesar de haber fatigado toda la literatura relativa a estos seres. A medida que avanzaban los renglones, más se escapaba del relato escrito y más ingresaba en el propio, en ese otro mundo. Escapes, de escapes, de escapes, recursivamente.

Sospechaba de la pequeña en cuestión, basándose los puntuales disfraces con que la había observado en las muy escasas ocasiones que la viera, cuanto mas recapacitaba sobre el particular, mas dudas nuevas le ganaban la razón, como si de dudas anduviera necesitado.

Recordó que esta, pintó alguna vez su cabello, muy oscuro y le llamó mucho la atención. Otras veces, lo que le convocaba la atención era el tamaño de sus ropas, o los formatos, estaban claramente destinados ex profeso a ocultarla, pretensión de camuflarse de persona, no existiría otra explicación, cuanto más se adentraba en el análisis, más datos encontraba en los disfraces, mas se convencía de la condición de minúsculo ser sobrenatural.

Duda Jacinto estar siendo presa de secado de cerebro, como su par, varios siglos atrás, con los libros de caballería.

Llamó especialmente su atención, la ausencia total de voz, la falta de palabras, salvo los esporádicos y minúsculos “holas” y “nos vemos” o “todo bien”, aspirados, en una vocecita inclasificable, y lo adjudicó también a estratagemas de ocultamiento.

Recién ahí notó que ella hacía como esos futbolistas profesionales, que van a menos en un partido amistoso, para no avergonzar al resto. Presumía intenciones en ella enfocadas a ocultar la belleza.

El bondadoso Jacinto Ruiz, escuchaba nombres que no correspondían al de él en el consultorio, lo que le permitía continuar muy a gusto, la lectura y el recuerdo o sueño.

Nunca había imaginado que podría tener quince años nuevamente, como en este momento, esa alegría irresponsable lo asaltó de repente.

Imaginó que tal vez, sus propios ojos observaban un holograma de otra realidad, como sugiere Don Juan Maltus, porque vino a su mente inmediatamente, la vez que se materializara frente a él con una vincha muy amplia, como diciendo “mirá como me pongo esto” llevando sus cabellos hacia arriba, dejando totalmente expuestas las líneas del rostro y allí esa sonrisa que ya sobra, obligándolo a correr la vista para no verla de frente y salvarse de la locura que llega al a la medusa cara a cara.

¿Porqué se esfuerza en esconder el cabello, o cortarlo mal, no se da cuenta que le lo único que logra es agregar opciones a la hermosura?

Relacionó aquel rostro de inmediato, víctima de un fogonazo de luz en el recuerdo: Atenea o Minerva, en algún libro de arte clásico había visto ya ese rostro, que no era humano, demasiadas similitudes encontraba con alguna deidad olímpica, pero no recordaba claramente cual era, los clásicos nunca fueron de su total agrado, como tampoco la teoría de los arquetipos de Jung, aunque demasiadas evidencias acumulaba ahora como para no tenerlas en cuenta.

Bustos en mármol de museos del Vaticano. Seguro. Estaba Calígula, Julio Cesar, Minerva. Una figurita en la enciclopedia de su niñez, pelo revuelto. Atenea.

Otro nombre sonó en la sala de espera, tampoco era Ruiz, pero ya lo había abandonado la ansiedad, dando lugar a otra sensación mucho más placentera, la imagen de la pequeña era extremadamente clara. La alegría de tenerla ahora consigo, también.

Si se trataba de Atenea, seguramente tenía armas e inmediatamente prefiguró la adolescente de un juego de computadoras, heroína que lleva dos pistolas, pero reprimió cierto deseo dada su condición de respetable. Los hombres respetables, no piensan esas cosas sobre dibujos y menos sobre adolescentes irrespetuosas.

Ya la alegría lo había ganado por completo, quien puede saber del violado de la prohibición si no es escribiéndolo como ahora.

Recordó palabras de Odiseo sobre los diferentes porqués de las relaciones humanas. La gente se acerca a Odiseo a escuchar relatos y divertirse, a Rómulo para una lectura diferente de la realidad, mas coherente, para leer las entrelineas, la gente se acerca a Jacinto para sentirse bien, un abrazo del gordo equivalen a cinco dosis de ansiolítico, quien hable con Jacinto durante cinco minutos, abandona los pesares. No por nada sus amigos lo llamaban, con exceso de cariño, El oreja. No es poco frecuente encontrarlo en los bares, al lado de gente que ríe, luego llora, y vuelve a reír, alternativamente, sin que él pueda agregar o quitar nada, solo con estar es suficiente, sin necesidad de palabras de su parte, la sola presencia amonesta tristezas.

Descubrió, hace años ya, sin proponérselo quizás, que la felicidad es una cuestión puramente volitiva. Quien quiere ser feliz lo logra, aun sin el auxilio de tóxicos, sin ansiedad de posesión de algo imposible de poseer, imaginando o anhelando acariciar ese rostro, e inmediatamente recordó, o imaginó, o ambas cosas superpuestas, acariciar un colibrí, algo tan frágil y mágico y pequeño y hermoso.

Decidido ya a experimentar los límites de la felicidad, abandono toda represión e imaginó más, mucho mas, mientras los nombres pasaban y no escuchaba el suyo de boca de la secretaria del consultorio.

¿En que extraño lugar estará almacenada esa memoria? Temió olvidar, por una fracción de segundo y descubrió que sería imposible olvidarla, tan imposible como acariciarla, contando ahora con la absoluta certeza de su condición sobrehumana. Hay imposibles hermosos, sostener el colibrí entre las manos, robarle un beso a Atenea, el boquete al banco. Prefigurarlos ya es suficiente alegría al individuo.

La suma de todos los encuentros con el hada, no sobrepasa los cinco minutos en total, su cometido en la tierra pareciera ahora, solo llegar revoloteando, sonreír, burlarse de él y continuar su camino un par de años. Verte reír. Ya teme algún tipo de maldad el bueno de Jacinto Ruiz, incapaz de incapacidad absoluta.

¿Era una mala pasada de los dioses, que se divierten trayendo desventuras a los hombres, solo para que tengan motivos para cantarlas?

No, seguramente, porque esta no era una desventura, era una alegría imposible de llevar a palabras escritas.

¿El pesar puede ser, el no tenerla?

No, ya que era pago suficiente para el, recordarla así, ahora.

¿Alegría de que? ¿Puede su pelotudez llevarlo a alegrarse de recordar a alguien con quien no se mantuvo una sola conversación?

La música que llegó desde los parlantes, parecía indicar que se trataba, ahora si claramente, de una mala pasada de los dioses. Por lo general, nunca es ni escasamente escuchable la música en estos consultorios públicos, con los tornos de fondo, pero ahora sonaba algo que sugería felicidad. Allá, en su lejana infancia sonaba Roberto Carlos, en la Distancia. De esa música en el televisor del bar, venía Jacinto sin saberlo, ahora, el consultorio le entregaba otra música.

"Cual es tu pena, caminás como la reina en la colmena"

"basta de penas..."

Como incitándolo a recordarla caminar, y abandonar las penas, teniendo que sacar conjeturas sobre su andar, que no es caminar para nada, su andar se le figuraba el vuelo del colibrí.

Imaginó verificar las pisadas en la tierra, para certificar que no dejan rastro, sería una prueba irrefutable de su condición extra terrena. Buscar las huellas de sus pasos y corroborar que no están.

Y descubrió lo peor.

Si sus ojos captaron ese contorno, esa falla en la verticalidad en sus desplazamientos, los disfraces con los que pretendía -y lograba con los humanos comunes- pasar desapercibida, era que sus ojos habían sufrido algún desperfecto, por lo que pensó inmediatamente en solicitar un turno al oftalmólogo, pero... NO, al contrario, no quería curarse de esta patología.

Si sus ojos vieron eso y le regalaban esta porción de la alegría que motiva al mundo a girar ¿Como puede pretender cambiarlos?

"Basta de penas" repetía el parlante a su espalda y Jacinto, hombre de bondad extrema hizo caso al pié de la letra.

No había notado hasta entonces, que al observarla, ella había originado la alegría de la que iba a gozar el resto de su vida, porque en mas de una oportunidad, notó que la sonrisa de ese colibrí humano, expresaba algo y nunca se preguntó que significaba, o reprimió eso, por su condición de respetabilidad, pero ahora tenía clara conciencia de que se trataba.

El colibrí común, había sido puesto sobre la tierra con un propósito muy claro, embellecerla, hacer del planeta un lugar mas digno de ser pisado. Quien nunca observó un colibrí detenidamente, pacientemente, con total ausencia de deseos de poseerlo, no accede a su belleza.

Jacinto, hombre de bondad extrema, había experimentado magias, el cruce de miradas con los colibríes, allá lejos, en la edad que eso se puede, cuando aún no hay ansiedades, ni tarjetas de crédito, ni cambios de titularidad de vehículos.

"Yo estaba enojado y triste, el día que te conocí, triste porque estaba solo y enojado porque si"

¿Que le decía esa sonrisa solo a Jacinto?

Ella se supo descubierta por alguien, a pesar de sus inteligentes disfraces, sus camuflajes de poco sirven ante ojos con buen sentido para la ciencia ficción o la fantasía, y la sonrisa de ella era precisamente la respuesta a eso.

-Descubriste quien soy -dice esa sonrisa y no otra cosa- debe ser suficiente con eso, no es poco regalarte la felicidad de verme, si me tocas, es como si tocaras a ese colibrí de los seis años, desaparece la magia-

"Basta ya de penas por acá"

-Ruiz -dijo la secretaria- consultorio cinco

De repente, explotó la burbuja, y Jacinto, hombre de bondad extrema, no podía dejar de sonreír, aún cuando la dentista insistiera en que abriera la boca bien grande, que no la estire, que así no podía revisarlo, que colabore, que por favor, que hombre grande, che…

"Ya tu risa tiene música y tu voz tiene color"

Lo tuve que dejar escrito, ya que hay quienes aseguran que esto ocurre. Lo que antecede y lo que sigue. Que otra cosa hacemos sino rescatar del olvido en forma escrita, a gente que vale la pena rescatar, que otros no van a hacerlo por carecer de nuestro criterio sobre el porque caer en la categoría “rescatable del olvido”.

Sisoco García, de quien estamos autorizados a decir, hombre sin mácula, nos lleva investigar el porque de su forzoso traslado a la tristemente célebre oficina pública, ayudado posiblemente por su condición de delegado gremial, por su condición de hombre de bien, podemos tildarlo de agitador político, pero ninguna lo pintaría en su persona como la realidad.

12 jul 2015

El Fin

Lemiteliusansin - Capítulo 22



-¿Y vos quien sos?- Pregunta la abuela por decimoquinta vez al niño que -supone- esta arreglando la conexión del teléfono, o a eso que parece un niño arreglando una conexión en la boca del teléfono.

Acompaña las palabras con punzado rápido y repetitivo, del hombro derecho del niño, con la inestimable ayuda de un índice muy delgado y afilado-

-El del Toti -Contesta el pequeño ya mecánicamente, sin quitar los ojos del los cables y el soldador- el de Mendoza.

¿Vos abuela, hablas con las manos? -Agrega para hacerla enojar-

Agrega la ayuda topológica a modo de GPS intelectual.  No aclara si es hijo o nieto, sería complicársela mucho a la abuela, que apenas retiene algunos contados nombres propios. La deja rumiar la frase de hablar con las manos, insegura.

-Ah, si, si el Toti. ¡Ni se acuerda que tiene madre ese, hace mucho que no me viene a visitar! -Pareciera ir recordando, mientras con cachetea en la cabeza por la humorada, finge posiblemente recordar, o finge lisa y llanamente, lo que busca es que le den un poquito de afecto, mientras estira el Ah, mucho mas allá de lo convencional-

Abusando del pié otorgado, prosigue como si hubiera sido convidada en la palabra:

-Así que vive en Mendoza. Ah -La abuela abusa del latiguillo AH, que coloca de comodín en las oraciones, lo estira teatralmente, solo para que le lleven el apunte. Exagera, en definitiva, como delantero en área rival.

Las caídas de estos nos dejan un sabor a caricatura, como las de lucha en la TV, donde simulan que pelean. Los delanteros parece que cayeran y la abuela simula estar en el diálogo.

-¡Abuela, recién se va! Estuvo hasta hace cinco minutos, vuelve en un rato. Anoche durmió acá -El chico defiende al abuelo que es de los grosos-

-Ah si, si, tenés razón, tenés razón -Asiente con la cabeza, duplica la frase, como hacen las aeromozas de la aviación comercial con los dos dedos, duplican señalizaciones de las puertas de emergencias, para que quede mas claro-

-¿Está en pareja el Toti no? -Agrega ya sin convencimiento ni necesidad. Solo reclama orejas que la escuchen, pero no sabe como hacerlo, y como su mayor placer es hablar...-

-No abuela, no tiene pareja -Dice el niño en voz bien alta, al tiempo que termina la boca de red para el modem adls a la línea de teléfono de la abuela-

-¿No? Tan joven que es ese muchacho. ¡Tan joven! -Llevándose la mano a la boca y verificando que esas miradas no mientan-

-No tiene pareja... las pata -Parte del chiste es que no coincidan el número entre artículo y sustantivo, lo dice por decimoquinta vez así la abuela ríe de nuevo como si fuera la primera. Uno de los bancos de la RAM de la abuela, sino todos, están tirando muchos errores de código.

La sincera carcajada de la abuela, carcajada de no saber el chiste, a pesar de haberlo escuchado mil veces, la empuja amistosamente a tomar un vaso de agua a la cocina, lo que le otorga al niño un par de minutos libres para trabajar tranquilo.

Extrae el modem de la mochila, como si fuera algo corriente de llevar en mochilas de adolecentes y lo enchufa en la línea de teléfono. Limpia, ordenada, tranquilamente. Solicita al mas pequeño de los hermanitos algo en el idioma de su logia “pasame el RJ11”, el pequeñito estira automaticamente la mano que contiene un cable con conectores en sus puntas.

Abre la sub notebook, configura la conexión, introduce contraseñas y navega por fin. Mecánica y pacientemente. No hay errores, todo sale como si estuviera bien.

Navega.

Navegar en otras épocas, resultaba un tanto mas poético, mas cooperativo aunque mas riesgoso. No se, toda navegación tiene siempre riesgos agazapados a la vuelta de la esquina, sea por monstruos en el agua del anchuroso ponto, como las navegaciones en los rincones del intelecto, o en los intersticios de la internet, debido, tal vez, a virus que hagan peligrar la vida del software. Hasta en el aire, siempre hay riesgo en la navegación.

¿Quien está en condiciones de asegurar que su realidad sea mejor que la de la abuela? ¿No será mejor el mundo químico de la abuela que el de las navegaciones? Mas cómodo, seguro.

En solo una de las variables que forman la realidad. Somos demasiado proclives a creer que los sentidos no nos engañan, que lo escuchado es cierto, que lo masticado es carne, lo fumado es tabaco, lo bebido es wisky. Posiblemente la abuela tenga muchas mas certezas que nosotros, como en las novelas de Dick, a lo mejor está en posición de otro tipo de verdad que por caridad o por amor, nos la oculta.

-¿Que es eso que tenes ahí? ¡No me vas a romper nada, mirá que después no anda el televisor eh! Desde que me arreglaron el Patito, no me puedo bañar-

La abuela bautizó alegre y despreocupadamente "patito" al calefón eléctrico, porque tenía una etiqueta con un pato. Cuenta ella con un natural poder de síntesis, del que carecen los estudiosos de la literatura, que pierden una tarde en la búsqueda de un sustantivo que sintetice un párrafo. El mismo poder, la lleva a aglomerar toda la tecnología, ducha, teléfono y televisor en un mismo sector mágico e inaccesible de la realidad.

-Nada abuela, es un codificador de ectoplasma -El niño divierte a los primos, inventando nuevos nombres para la notebook, sin pretender indagar cuanto hace que la abuela no se baña-

-Ah, mira vos que lindo. ¿No servirá para arreglar el patito eso? -Dice otra vez estirando el "ah" de asombro mas allá de lo permitido por las convenciones-

Luego del Ah, que todos saben que es de mentira, de las risitas contenidas por los mas pequeños y la observación de la abuela, de la mirada asombrada sobre la pantallita de la notebook, un minuto mínimo de silencio, permite al bisnieto que trabaje tranquilo en lo que está haciendo.

-¿Y quien sos vos? -Renueva la artillería de preguntas, como si recién llegara de hacer las compras-

-El del Toti, abuela, recién te dije -Tampoco aclara ahora, menos que antes, la filiación y el grado de parentesco-

-Aaah. -Doble estirado de Ah- El Toti, que está en Mendoza-

-Si abuela, ese, pero no está en Mendoza, recién se va a comprar facturas a lo de la vieja chora-

En la pantalla de la pequeña computadora, aparece el logo de un organismo oficial de otro pais, sucedido de indicaciones para incluir usuario y contraseña. Juanchi agrega ANITA, y una contraseña de varios dígitos, mientras continúa discutiendo sobre la edad de su abuelo con la abuela, que no estima necesario que la gente realice otra actividad que no sea hablar con ella.

-Ah. ¿Porqué va a la vieja esa? -Falsetea casi al borde del escándalo-

-A comprar facturas -Dice uno de los hermanitos de Juanchi, que ya comprendió el método-

-Ah. Ahora si. Asi si. ¡Que vaya y compre, si tiene plata! ¿Fue con la señora el Toty o se quedó aca?

La abuela se saborea las facturas antes que lleguen y deja que los niños nombren a la señora de la panadería con el elegante apodo que ella sugiriera, con su natural sentido del desprecio al género humano, pero exquisito criterio.

También inauguró hace apenas unos días, un apodo interesante para la señora presidente, pero hacerla hablar sobre ese particular, la pone nerviosa, le tiembla el mentón, hay que aguantarse la diatriba de hora y media de "yegua reputísima" y sus argumentos, mostrando su condición agorilada, y lamentablemente siempre algún nieto, o sobrino, o hijo le hace referencia a los pelos que le salen por debajo de la blusa y hay que escucharla.

Los mas chicos, gracias a su condición de malvados como todo niño, le ponen a veces la marcha peronista en la notebook, bajito, casi imperceptible, para la observación de su detenerse en seco, de la pequeña puteada comenzada, tirarle la lengua con comentarios del tipo “seguro son los de al lado” y ver como reanuda los pasitos cortos tratando de no llevar el paso de la marcha.

Después de rezongar un “peronistas” continúa preguntando.

-¿Vino con la señora el Toty? ¡Que linda casa que tiene el Toty! -Esconde nuevamente la pregunta, la otra pregunta implícita en el discurso, eso que quiere saber, porque duda y le niegan, porque es divertido-

-Está separado de la mujer, pero se separaron hace mucho abuela, yo era chico -Anticipa respuestas a preguntas que sabe están ya al salir-

No cuenta el nieto del Toty que el mobiliario de la casa del Toty, la nueva casa, se reduce a la botella de blenders y el celular con el que solicita amor rentado. Casi un escritor el Toty.

-Uh, creo que era medio ligerita la mujer -De nuevo estira el "ah" pero esta vez en con algo mas de malicia-

-No abuela, esa mujer es mi mamá -Miente el niño la filiación que lo relaciona con esa mujer, sabe que debería matarla a la abuela por el comentario, porque no es su madre la mencionada sino su abuela y ella está en una escala mas arriba, en la línea del árbol-

-Ah -Contesta la abuela esta vez un ah, re cortito, ah casi de dedo en el enchufe, sin saber debajo de que piedra esconderse camino a la cocina, en busca de otro vaso de agua, balbuceando al mismo tiempo que trama el prolijo escondite para el dulce casero que le regalaron. Detiene los pasos cortitos, corrigiendo rumbo, vuelve a la marcha, pueden estar espiándola, como los tramposos que cuentan a las escondidas.

En el aparador. Va, viene. Duda, no, mas lejos, en el horno de la cocina. Arriba de la mesada, tapado con un repasador como lo sugería Edgard con la carta robada. Va hacia uno de los cuartos, se pierde. Termina escondiéndolo en el ropero, detrás de la ropa de verano y la pistola del abuelo. Espera acordarse. Ninguno de los hijos conoce de tanta naftalina junto al dulce ni de la existencia de un arma en casa de la madre.

-¿Porqué no me quedaré callada? -Va repitiendo una orden recibida desde hace ochenta y siete años en voz bajita- Mi mamá siempre me decía "quedate callada, quedate callada" y yo nunca le hice caso.

Al chico le molestó la primera vez que escuchó aquel terrible comentario, al sobrepasar las cien veces, es casi un lugar común que hizo cayo, esperable, que no lo distrae de lo que está haciendo, muy interesante, que requiere toda su atención, que no admite errores, pero para nada ilegal. Aun.

Siempre hay un punto por donde poder entrar a la red, al cerebro de la máquina, mientras continúen los burócratas en la seguridad que están seguros. En su realidad, esa que compran a caro precio, esa que creen está bien, esa seguridad que les dicen sus técnicos que es inviolable. Les mienten, todos los especialistas les mienten, los ingenieros sobre los márgenes de seguridad de la pared del dique, la inocuidad de la vacuna que administran a la población, la salud de esa agua que embalsan, el contenido de lo que vierten esas fábricas y pueblos a orillas del río, aguas arriba. Les mienten las consecuencias de ciertas inversiones de riesgo, la seguridad de las encriptaciones corre el mismo albur.

Por contraposición, afortunadamente, todos los cerebros humanos son mágicos, aún aquellos que están destruidos con pastillas como la abuela, por la riqueza de conexiones que produce el consumo de fármacos. Es alegre, busca la felicidad por el solo hecho de ser feliz.

El cerebro de la máquina, aquel monstruoso, por el contrario, es muy frágil, simple, estúpido, de lógicas bastante predecibles. Además de perverso.

Lo malo, repito, lo realmente malo del momento, es el grado alcanzado de disolución de responsabilidades, la burocratización. Muere un niño a causa de la desnutrición generalizada y no es culpa de nadie.

Lo bueno del momento, es la fe de aquellos burócratas en ese otro cerebro, el sintético, que creen invulnerable, omnisapiente, que puede auto regenerarse y miles de beldades mas.

19 may 2013

Lemiteliusansin - Capitulo III - Fragmento


Odiseo Sanvicentélida, deja que brillen sus ojos al recuerdo de sus años mozos: “Allá por los años cincuenta, en el vado de la villa, en San Vicente la pobreza era tal, que el primer ropero que hubo en casa, lo trajo una creciente.”
El objetivo siempre es sorprender con la guardia baja a interlocutores ocasionales, sabemos también, que por lo general, esgrime este tipo de narraciones de su niñez, de imágenes de carnavales, de tranvías y alguna que otra mentira menor, solo en presencia de gente nueva a su conocimiento, de ser posible damas, con un noble propósito, como veremos acto seguido.
El objetivo de estos relatos es la ternura potencial, la producción de la misma, esa que pierde el individuo al llegarle ciertas verdades. 
 
Ternura ajena, obviamente. 
 
Que coloca al prójimo en condición algo mas vulnerable ante su producción verbal, modifica la realidad circundante a fuerza de verbo.
El noble propósito que mueve siempre este accionar es la firme determinación de -según sus propias palabras- demorar, tanto como sea posible, su ingreso al mercado laboral. 
 
Tarea que viene ejecutando de modo impecable, sin fracturas, perfeccionando procedimientos con la edad. 
 
Al imaginar, el magnánimo Odiseo fecundo en ardides, un porvenir de dependiente de comercio, o playero de estación de servicio, o tenedor de libros -que supone se trata de algo relacionado con bibliotecas-, cae presa de lamentaciones y bruscos arranques de ira funesta; malediciendo números de quiniela reacios a ocurrir en el devenir del los días y lo conviertan ipso facto en: rico; o consanguíneos ascendentes, esquivos a adelantársenos en la fe -beneficiándolo con la correspondiente herencia- y miles de distintas formas mas de vivir sin trabajar, que se niegan a corporizarse en la realidad real. 
 
Del todo mal no había obrado el ingenioso Odiseo hasta el presente, puesto que eso que por convención llamamos trabajar, la coincidencia exacta entre verbo y el accionar observado en su persona, no había ocurrido nunca. 
 
Siempre alguna señora, tal vez ligeramente mayor que él, había sucumbido presa del embrujo de sus narraciones, cobijando temporalmente al héroe -y espacialmente- otorgándole el privilegio del cotidiano descorche de añejos vinos, imprescindible materia prima de la literatura; creyéndole de buena fe, estar él cercano el final de las correcciones, de esas mencionadas novelas, ensayos, antologías poéticas, piezas teatrales, guiones cinematográficos, zambas, oberturas, chacareras. Hasta ha sugerido sambas, ponencias y semblanzas biográficas; correspondiendo, como lo hacen el porte y la voz divinales, hasta caer en la cuenta que Odiseo Torres para nada es vago en imaginar y bosquejar, lo es solo para transcribir, para poner orden a todo eso que lleva encima, toda esa literatura en potencia que es todo su ser, especie de biblioteca ambulante de ojos enrojecidos de emoción, todo el cúmulo de asociaciones, de ideas, de sueños y anhelos, incluso sugiere recuerdos, a partir de esta su última excusa, la reencarnación, con la que tiene preocupados a sus amigos, no solo sobre su aptitud psíquica sino acerca de la condición de excarcelables de sus consumos tóxicos y la miope visión de la justicia penal, tumores cerebrales, o incluso, cosas aun peores.
Es proclive a caer en severos y preanunciados ataques de ira funesta, al igual que aquel otro Odiseo, en muy puntuales casos. 
 
Solo por nombrar algunos, el dictado erróneo de parte de los dioses de números de la lotería a su persona, la incomprensión de sus chistes mas elaborados, la flojera o poca hombría -poquitud testicular, mas precisamente- de sus cercanos, en auxiliarlo con su elaborado e infalible plan del boquete bancario y finalmente, la palabra trabajo y su larga lista de sinónimos.
Sospecha, cierto origen congénito de tal ira funesta, heredado un antepasado consanguíneo, femenino, por esos pueblos polvorientos y calurosos del centro de Santa Fe, en segundo o tercer grado, de apellido Funes, pero de escasa memoria.
Esa posición de bardo eterno, ese andar legislativo, ese porte de boxeador retirado, le otorgaron -en mas de una oportunidad- sonrientes y gentiles damas que lo alojaron, cual Circe y sus brebajes al otro héroe -al viajero incansable- auxiliándolo en esa vital necesidad de posdatar, tanto como sea posible, el día de su ingreso al mundo laboral. 
 
A la clase activa -al decir de los economistas-, al mundo adulto -al decir de los psicólogos-, a la realidad verdadera -al decir de los mas de seis mil millones de habitantes del planeta- Optamos por decir, con Rómulo el esteta: a la máquina, en definitiva. Si hasta es casi visible y escuchable la respuesta del deiforme Odiseo ante una supuesta consulta: 
 
“Si, voy a trabajar de...” ¡Esta voy a trabajar!
Nunca, ninguna de aquellas encomiables damas -muchas- expresó malestar alguno por la falta de jornada laboral del héroe, todas aceptaron su condición de rara avis, puesto que sabemos no existe traición en quien avisa. 
 
Cobijar a Odiseo presumiendo que trabajará para colaborar con la manutención del hogar, cuenta con la misma ingenuidad del votante del sufragio universal o el que dejara el chocolatín en la entrada de la escuela y pretendiera encontrarlo pasado un tiempo que supere los dos segundos.
De la ingenuidad a la pelotudez, se camina por un sendero muy estrecho, en el que nunca sabemos donde está apoyado cada pie, pero siempre obra un elemento de la sensibilidad anímica que nubla el juicio.
Amonestar al deiforme Odiseo por la falta de empleo u ocupación remunerada, es de resultas tan incoherente como reclamarle un pote de dulce de leche a un cajero automático, pedirle contenidos a la televisión o encerar un chancho. Tareas todas posibles, pero de inutilidad ínsita.
Nada es tan terrible, en la vida de los héroes, como adquirir, no sin importantes esfuerzos, el calificativo de locos y no ejercer, no corresponder a tal dignidad; sabemos lo que le ocurrió al señor Quijada o Quexada en el segundo libro de sus historias, cuando pregunta: 
 
-¿Y que se dice se dice de mi en e se libro, Sancho?-
Todos nos debemos a un guión, a un arquetipo, a un Rol. El caballero andante, el sacador de gordas a bailar, el místico, la empartuzada. 
 
La doctrina moderna renombra esto como: Fidelidad a un estilo.
El último argumento entre los miles que Odiseo encontró para justificar su negativa a trabajar, fue algún pasaje de antiguas doctrinas védicas, sobre la reencarnación. 
 
¡Para qué!
Todo individuo, sostiene esta doctrina, ha pasado por innumerables vidas, hasta llegar a la actual, conforme a un plan divino y ese comportamiento es tenido en cuenta al morir, o ir al Bardo Thodol, o se eleva a una instancia superior, o repite segundo grado -como en la primaria-, o regresa cuatro casilleros -como la perinola- convertido en gallina. 
 
La idea es corresponder a un ideal a alcanzar, sin dañar mucho al prójimo, en lo posible. Se puede llegar, superar o no alcanzare este resultado. En el PRODE, se conocía esto como: local, empate o visitante.
Huelga agregar, que la opción ideal sería la que aplicó el alopécico Vladimir Illich Ulianov en el “¿Que Hacer?”, graficándolo como: “Dos pasos para adelante, uno para atrás”, en franca oposición a la de Fidel al decir “ni un paso atrás, ni para tomar envión”.
Los sabios vedas, les llamaron arquetipos a esos ideales a los que correspondemos, que vendría a ser algo así como una especie de pilcha, que nos probamos y nos gusta. El poder y la riqueza, como en la vida real, otorgarían privilegios de elección en ese shopping de arquetipos. 
 
Ello probaría el porqué de la inexistencia de excéntricos pobres, cualidades a simple vista excluyentes entre si.
El magnánimo Odiseo Torres, en alguna de aquellas vidas, asegura haber sido genio, en la otra, vagabundo, en una pretor del emperador Trajano, en la siguiente agente publicitario cornudo en la Dublín de principios del siglo XX, en otra, escritor parisino, que es casi argentino, persiguiendo a un saxofonista.
Cuando el individuo visualiza internamente lo que busca, cuando se tiene claro el objetivo; termina, tarde o temprano, dando con alguna teoría que lo auxilie, aunque esta búsqueda lleve varios años. Décadas tal vez. 
 
Basta saber a ciencia cierta que pretendemos argumentar. Si suponemos que quien no sepa lo que busca, no sabrá que hacer con lo que encuentra; bien podemos argumentar que quien sepa perfectamente lo que busca, encontrará siempre argumentos que lo auxilien. 
 
Odiseo Torres, igual a un dios, sostiene que en algunas vidas anteriores -al parecer, muchas- fatigó miles de trabajos en el lento paso de los siglos, todos teñidos de un conocido color, del blaquinegro del papel de los libros leídos.
Todos los trabajos que sostiene haber realizado, al igual que Heracles, conservan un marcado tinte novelesco. En su caso, en vez de secársele el cerebro como al Quijote, se le incrementaron las facultades cognitivas.
Jura haber encorvado la espalda durante años, como esclavo en un trirreme romano, habiendo sido antes príncipe; en su siguiente vida, haber cabalgado las congeladas estepas, cargando nuevas al Zar Pedro; haber sido prisionero de los turcos y escrito una novela de caballería en las mazmorras.
 
-Una boludez, en realidad, para matar el tiempo- 
 
Todo esto, justo una vida antes de convertirse en prostituta china, haber trabajado también para el nefasto MI6 británico en Cuba, en la época de la crisis de los misiles, un cantinflas que garabateaba aspiradoras y los hacía pasar por emplazamientos de misiles continentales. Asegura haber sido una hermosa espía francesa, en la primera gran guerra, haberse bañado y depilado poco. 
 
Poco demoran sus interlocutores, haciendo un pequeño alto entre las carcajadas lacrimosas, en consultarlo para que diga si sabe, a partir de su ex condición de mujer, el monto de placer, en uno y otro caso, con exceso de detalles escatológicos en extremo. Y ante la consulta sobre quien disfruta mas en los menesteres del amor, leimotiv de la requisitoria, contestó “mas que seguro que la mujer”, pero que el hombre tiene otras ventajas, como orinar de parado o que le sientan mejor las canas, los tropiezos nocturnos y el alcohol, cual prendas de vestir. 
 
Posiblemente, el alcohol lo sea, al provenir del exterior de uno mismo, mas las canas, son un producto secundario de la voluntad, que merece una explicación. El niño, realiza tal esfuerzo volitivo, en pos de la adultez, que muy a menudo, se le va la mano con las ganas y queda blanco o pelado o arrugado, demasiado temprano. 
 
Vuelve Odiseo al argumento del monto del placer en uno y otro sexo, en las que ya fallara en una vida anterior, pero que pronunciadas esas airadas palabras por parte del deiforme Odiseo Torres, que en aquellos días se llamaba Tiresias, materializose una tal Hera, tan linda que era; le ordenó que se quedara ciego, pero el marido, el pinchadito ese, permitió que tuviera otro tipo de visiones -No, nada que ver con ingestas tóxicas-, porque no se con que cosas salió de los rayos y los truenos de este pinchadito Zeus, que era marido de Hera, que ya no era lo que era, ahora, en esta y no en aquella era, por eso el marido, le daba a todo lo que al paso le saliera. 
 
Odiseo, asegura también haber sido sacerdote chupandín en México, durante la revolución. La condición de nuevos a las mesas donde sesionaba el nutrido grupo, hacía que siempre algún desprevenido consultara sobre las védicas escrituras, y la teoría de la reencarnación, los plagios de la mitología judeocristiana a otras, en particular la que le daba al divinal Odiseo, tal capacidad de inventiva mas que memoria, llegando, tal vez producto de la alegría por la ocurrencia, o el alcohol, o ambas, de sugerir entre carcajadas, haber piloteado una nave intergaláctica para un grupo guerrillero, pero ya en otro planeta y en el futuro. 
 
-Tienen que ser vidas pasadas -Sugirió Sisoco, voz de su conciencia, ávido lector y cinéfilo- para no abandonar la credibilidad del oyente- 
 
-Gran estima tenía yo de su juicio, mi buen Sancho -Dice Odiseo- mas lo noto algo quedo últimamente, posiblemente debido a la falta de la gracia femenina en su derredor- 
 
-¿Qué tienen que ver las minas, con que quieras mandar una vida pasada que ocurre en el futuro? -Sisoco envalentonado por el alcohol de aquella vez, moja sin querer la oreja del par, amigo, confidente y compadre, o compadrito- 
 
-Por la imperiosa necesidad de la ternura, la mentira del arte no es nada sin el candor del público, candor que solo se logra con el amor, que incluye todas sus letras- 
 
-Me sobra una letra-
-Metétela... 
 
-Bueno. Entendí. Me responde esto -Agregó Sisoco aquella vez, ante el público de muñecos de trapo en que se habían convertido todos alrededor, en la contienda intelectual con su par, amigo, confidente -Y tiene un cuatro. Continúe Torres- 
 
-¿Y la pregunta? -Odiseo abre demasiado los ojos y los brazos, solicitando auxilio olímpico para la comprensión, de parte de Tiresias, Hera o Zeus- 
 
-La pregunta ya estaba desde antes, solo quería recordar el placer del lugar, de ese lugar de la mesa en que se dice “vuelva en marzo” -Y sonríe Sisoco- 
 
-Interesante tema de discusión la perversión, pero estábamos en la vida futura que puede ocurrir en el pasado, gracias a la predisposición, a la mentira del arte -Ya sin aliento, Odiseo, suelta breves arranques de ira- 
 
-¡Mirá por donde andábamos! -Suelta al fin Sisoco- Loco, sin un mínimo de coherencia no hay diálogo- 
 
-¡Si sos vos el que pregunta y después se olvida! El arte requiere de cierta flacidez anímica, para poder ser permeable a la mentira, candor que se pierde, cada vez nuestro asombro encuentra umbrales mas altos que transponer 
-Sugiere el divinal Odiseo con los ojos abiertos de par en par, tal vez visualizando un portento o un marciano, o un marciano portentoso- 
 
-¿Mirá vos que interesante manera de verlo?, lástima que lo haya escrito antes Todorov, creo -Responde el poco fabulador Sisoco García, probo en extremo- 
 
-Fijate que cuando éramos pibes, nos comíamos la historia de que Tarzán se embarcaba en una liana en Nigeria y desembarcaba en Costa de Marfil, como si nada, mientras que ese cerebrito de diez años, le buscaba la vuelta para entender de donde estaban agarradas las lianas -Simula Odiseo, señala puntos en lo alto, donde supuestamente están adheridas las lianas, visualiza, al tiempo que huele la humedad de las hojas podridas en el suelo y sonidos, muchos, de fieras salvajes- 
 
Existe esa necesidad de apartar unos segundos las leyes de la física, para entender que ese brazo que le injertan al tipo, es de acero y puede levantar una tonelada, pero que no se pregunte porqué el cuerpo, que sigue siendo de carne y hueso, soporta también esa tonelada, por tentadora que resulte la falacia, siempre el niño escarba un poco mas allá.
-Es parte de la gran mentira -Hipa Sisoco, vislumbrando parte de aquella selva en su infantil sistema cognitivo -Vamos a terminar agradeciéndole a la máquina que nos mienta, así gozamos del arte- 
 
-Y -Continúa Odiseo- No estamos lejos de eso-
Por todo lo expuesto por Odiseo respecto de sus fatigas en vidas anteriores, sostenía honestamente, le fueran perdonadas las escasas intenciones de hacerlo en la actual. 
 
Parece ser, que le tomó miedo a las responsabilidades, según sostiene, al mando de cierto barco cargado de penitentes a La Meca, que abandonara a su suerte en alta mar de manera deshonrosa, culpa con la que cargo toda esa vida, hasta que murió y resucito en otro cuerpo.
Nunca le faltan argumentos al majestuoso y poco industrioso Odiseo Torres, menos aún cuando hay que justificar el vacío en el curriculum vitae, justo en el sector donde se sugiere incluir: antecedentes laborales. Todo argumento es útil, aún los dudosos o extraños a la fe de sus padres, que llegan desde el hinduismo y la transmigración de las almas.
A partir de estas premisas, trae otras, siempre con el auxilio de la lógica y el discurso. 
 
Se había servido antes de extrañas doctrinas religiosas, en apoyo de sus escasas intenciones de trabajar, sin embargo, esta era la que mas lo entusiasmaba, porque cortan los argumentos con la navaja de Okham. Continuamente le permitía narrar hechos pasados, vividos en carne propia, inmejorable frente a doctrinas que pregonan el ascetismo, o el continuo despojo de bienes, aquellas escuelas del nacimiento del cristianismo que devienen en la nueva escuela del linyerismo; a la que viérase él empujado en no una sola ocasión, de la que fuera rescatado por alguna dama, camino a su trabajo, en no pocas ocasiones también. 
 
Conociendo al deiforme Odiseo, su fecundidad en ardides y recordando que ya lo había hecho en alguna vida anterior, no es de extrañar que fuera un disfraz que conmoviera el alma de la rescatadora. 
 
No de otra forma, ingresó al divinal palacio, aquella vez, cuando tenía que masacrar a los pretendientes de su reina Penélope.
Si aceptamos la existencia de meses sabáticos, o años sabáticos, luego, bien pueden existir vidas sabáticas. Razones simples se anteponen a las complejas.
Odiseo concluye, de esta extraña manera que esta actual, es su vida sabática. Poco importa al divinal Odiseo Torres, fecundo en argumentos, que las fuentes de las que se vale, sean tan dispares como el hinduismo y el judaismo, lo mismo estalla la carcajada franca del héroe en reuniones cuando le es solicitado explicar los motivos por los cuales no trabaja. 
 
Duración media del relato: dos horas y media. 
 
Explicación de los trabajos realizados en vidas anteriores: de cuarenta y ocho a setenta y dos horas, de existir alcohol en cantidad suficiente, hasta que este se termine. De los temas preferidos, el mejor.

12 may 2013

Lemiteliusansin - Prefacio



Esfuérzate en ser un re-loco, de lo contrario terminarás convertido en un re-cuerdo.

Individuos hay -y hubo- sobre el orbe, que justifican el movimiento de rotación de la esfera celeste con su sola presencia, ora por hermosura, por la hermosura que siembran en el mundo a su paso, por la hermosura que transmiten en con el verbo, maravillados de la hermosura que les muestra la realidad, porque no ven con los mismos ojos que el resto de los mortales; ora su bondad, ora su fe inquebrantable y debemos dejarlos deambular ese (su) y no otros mundos, en el ejercicio de ese verbo, que es un acto de lucha, narrar otra realidad es un acto revolucionario.
Para ciertas culturas son santos, para otras héroes, para otras, justos. Dice Silvio Rodriguez que dice Bretch que son imprescindibles.
Muchísimos de esos increíbles seres, me han honrado con su persona “en el lento ejercicio de los días”, con lo mas importante que tenían: su verbo, su amistad; merecen por ello sobradamente mi rescate escrito, por ser lo único con cual poder honrar tal dignidad, porque ya son parte de mí, en la huella que deja su recuerdo; se cruzaron en ese camino que yo transitaba convirtiéndose en “hermanos que se eligen”. Valga este escrito a modo de magro homenaje a toda esa gente. sin la cual el mundo posiblemente girara, pero seguramente no podríamos llamarlo mundo.
Exite una doctrina que apunta “el solo hecho de nacer, condena a la estirpe humana a la fatalidad”.
El mito cristiano encontró la barroca figura del pecado original para dibujar esta fatalidad, por mucho que lo neguemos, la cereza del final terreno está presente en cada segundo de existencia. Nos anoticia de esto, la partida de los que queremos, nos recuerda que no se trata de un hecho eventual cualquiera, distraemos nuestro yo procurando teñir con virtudes lo que nos toca vivir, haciendo siempre a un lado aquella fatalidad latente.
Otra doctrina ve en nuestro paso por la tierra, un regalo inmerecido y que debemos corresponder a ese presente divino, festejando el tiempo que compartimos con aquellos, y tratando de hacer llevadero el presente de los que quedan. Esto pretende cumplir con ambos preceptos al mismo tiempo, haciendo que sonrías al recorrer esta caricatura narrada.

21 abr 2013

Válvulas o Diodos


Puntos de No Retorno

 
Una vez que se entiende, aprehende, captura el mundo a través de ciertos ojos o miradas, es imposible ya volver atrás, todo es del cristal con que se mire. 

A mirar también hay que aprender, como a todo.

Es como la adquisición de filtros intelectuales, dispuestas especial y espacialmente en el intelecto. A esto, el filósofo francés Bachellard, denomina “puntos de no retorno” que bien se correspondería con el concepto de diodo en electrónica o de válvula en mecánica. 

El yo utiliza esas nuevas herramientas adquiridas, como patrones de medida de posteriores juicios, condicionando la observación desde el comienzo y la elaboración de juicios futuros.

Los científicos, que siempre lo arruinan todo, llegan atropellando con aquello de la congnición y el desarrollo teórico, que una vez que se entendió la física desde la teoría de la relatividad especial o la mecánica cuántica, no se puede volver a Newton, dicen lo mismo de la economía y Marx, pero ya en voz mucho mas baja, al compañero de banco ahuecando la mano en la oreja del mismo. 

Agregaría tal vez, que todo el intelecto se mueve en este sentido, de menores razones a otras de mayor valía. Tanto en lo referente a la ciencia como al arte.

Es imposible, estimo, volver atrás después de leer a Cortazar, o escuchar el final del Invierno Porteño. Es válido para todos los órdenes, un asado nunca será lo mismo después de ciertas lecturas.

No comparto, pero entiendo cuando te pone alguien en tu lugar a la pregunta "¿Donde te formaste?"

Después de Cortazar no se puede ver una escalera como una simple sucesión de ángulos rectos que se prolongan verticalmente, los acordes pasan a ser repeticiones de Bach, ab infinitum. 

Existe en esto algo divinal y perverso que no entenderemos jamás.  Un pequeño demonio escondido en las cosas riéndose de nosotros.

El mundo, luego, es una gran válvula, quien probara alguna vez un buen vino no podrá volver atrás, así que bien podemos reducir el concepto de vejez a este refinamiento del gusto. 

La vejez, es otro proceso unidireccional del que tanto se ha escrito, que demoramos con tinturas, gimnasio, y ejercicio del espejo.

La gran virtud que llega con la vejez es la correcta eleccion de los vinos, no sentarse en ciertas mesas; ya uno puede abandonar la sala del cine sin la culpa del costo de la entrada -utlimamente me ocurre seguido- o dejar ciertos libros sin terminar.  Mejoramiento del paladar.

Como sugiere Sisoco de un tercero de "gusto percudido".

Los antropólogos resaltan los “ritos de paso”, mediante los cuales la sociedad reconoce a los iniciados, y desprecia a los fallidos, condenados a una vida errante o errónea. 

Un rito como la circuncisión, PRETENDE dejar un conjunto cerrado de circuncisos y otro de los herejes. 

Pero la misma discusión de si puede haber un pueblo elegido, nos oculta ese otro gran conjunto, que nunca accederá al rito, que pasa desapercibido, incluso por ellos mismos, las mujeres. 

Luego, no es descabellado pensar que Coca Cola y Pepsi son parte del mismo grupo económico, por análogas razones.

Aquellos sostienen que cuanto más crueles son estos ritos de iniciación, mas aman la pertenencia los iniciados1, desde deportes, logias y sociedades secretas.

Hasta la mas rancia de las instituciones, observa una prohibición formal para con la violación de la norma del movimiento unidireccional, la Iustitia ‘el derecho’ y su “Non vis in idem”, no vuelvas hacer los mismo dos veces, sobre lo ya andado, “Roma locuta, causa finita”.

Tal vez por ello es tan falaz el recurso de la ciencia ficción del viaje al pasado a evitar el nacimiento de Hitler, por citar un ejemplo feliz. 

¿Que idioma hablaríamos si hubiera sido Aníbal el que venciera a los Romanos? 

¿Que otra escala de valores tendrían nuestros ritos? 

¿Cuando sería el día dedicado a los dioses en lugar del Domingo? 

¿Qué tipo de capiteles y arquitectura nos enseñarían en la escuela secundaria? 

¿Fue este el triunfo de Europa sobre el resto del mundo? 

Borges nos adelantaba algo de esto, a modo de preguntas, que son las que nos fuerzan a levantar la vista, mirar mas allá, buscar un camino alternativo para pensar las cosas.

El gran derecho del ganador, es escribir la historia donde el vencido es masacrado de forma mas contundente de lo que fue en el campo de batalla, el lugar donde “los hombres cobran fama” según Homero, esos cartagineses y romanos, falanges contra legiones.

Existen oportunidades, muchas, en que la mentada -sabor a menta- válvula nos juega en contra, como en el caso de los jóvenes que ingresan a la música con oídos totalmente vírgenes a través de los Redonditos de Ricota, -por citar uno de los innumerables grupos- la verdad los aturde –bien sabemos cuanto aturde la verdad- y les condiciona demasiado el gusto, ya no pueden experimentar placer en la música de Piazzolla, Vinicius, BB King o Bach, o no llegan al tango, como reza la voz popular, sino hasta pasado los treinta o algún desengaño amoroso. 

Como La Revolución de Octubre, la otra, la rusa, estos jóvenes saltean "estadíos" completos que deberían haber cumplido, si y solo si, pero no ambos, por lo que la válvula se acomoda mal, y los riff de Sky condicionan demasiado el gusto y tienden un delicado velo que oculta el agujero en la pared, desde donde se puede observar "el prado donde relincha el unicornio"

1 Bástenos observar por casualidad un médico sin guardapolvo y estetoscopio, no dejará pasar mas de 1 minuto sin relatar que es médico.